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Queretano por adopción. Estudió Derecho en la Universidad Panamericana. Funcionario en los tres órdenes de gobierno. Apasionado de la política, la historia, el béisbol y el fútbol americano.

»Carpe Diem

A los 16 años de edad, Daniel Flores firmó un contrato por 3.1 millones de dólares con los Medias Rojas de Boston



Por: Miguel Parrodi

 

“No hay palabras para describir la tristeza que siente toda la familia de los Filis por la pérdida de uno de los seres humanos más respetados que jamás haya jugado el deporte. Con gran pesar en el corazón extendemos nuestras condolencias a Brandy, Ryan y Braden”

Extracto del comunicado oficial de los Filis de Filadelfia ante el fallecimiento de Roy Halladay

La ciudad de Houston, Texas aún continuaba celebrando la victoria de los Astros en la memorable Serie Mundial de este año, cuando dos noticias ensombrecieron a las Grandes Ligas de Béisbol.

El 7 de noviembre, a los 40 años de edad, Roy Halladay uno de los más grandes lanzadores del presente milenio falleció trágicamente cuando su pequeña avioneta Icon A5 de un solo motor se desplomó sobre el Golfo de México. Halladay hijo de un piloto de aviones, había adquirido la aeronave tan sólo un mes antes, cumpliendo uno de sus más grandes anhelos: “He soñado con volar desde que era un niño, pero solo pude convertirme en piloto una vez que me retire del béisbol”.

Halladay, quien durante su brillante trayectoria de dieciséis campañas vistió las franelas de los Azulejos de Toronto y los Filis de Filadelfia, será sin duda seleccionado en 2019, su primer año de elegibilidad, al Salón de la Fama de las Grandes Ligas de Béisbol. “Doc” como era conocido entre sus compañeros, cuenta con las credenciales suficientes para ello: dos veces ganador del trofeo Cy Young, al mejor lanzador de la liga; ocho selecciones al Juego de las Estrellas; vigésimo pitcher en la historia en lanzar un juego perfecto y apenas el segundo en tirar un juego sin hit ni carrera en postemporada.

Fuera del diamante, Roy Halladay se distinguió por su trabajo en apoyo de niños desfavorecidos, contra el hambre y en favor del rescate de animales, lo que lo llevó a ser nominado en varias ocasiones al premio Roberto Clemente, otorgado por las Grandes Ligas al pelotero que sobresale por su servicio a la comunidad.

Un día después del accidente de Halladay, el prospecto venezolano Daniel Flores de tan sólo 17 años fallecía víctima de cáncer. Flores quien el verano pasado había firmado un contrato por 3.1 millones de dólares con los Medias Rojas de Boston, era considerado la segunda mejor promesa del mercado internacional de las Grandes Ligas de Béisbol.

El futuro parecía brillante para el joven venezolano. Se esperaba que su fuerte brazo y su capacidad para batear con poder de ambos lados del plato, lo convertirían en unos años en uno de los mejores receptores de la Gran Carpa. Daniel sabía de su capacidad y confiaba en llegar a ser un fuera de serie: “Mi verdadera meta es jugar 15 o 20 años en las Grandes Ligas. Conseguir la consistencia necesaria para estar todo ese tiempo y ojalá cuando todo termine pueda llegar al Salón de la Fama”. Desafortunadamente, todo concluyó muy pronto para él.

En el siglo XXI vivimos deprisa, no reparamos en los instantes, lo que nos rodea se vuelve cotidiano y nada de cuanto nos rodea nos sorprende. Día tras día, salimos de casa al amanecer y no regresamos a ella sino para dormir unas cuantas horas; trabajamos arduamente, hacemos sacrificios materiales, personales y familiares. Dejamos de maravillarnos por los pequeños y grandes detalles de la naturaleza y de la vida. Fijamos nuestra vista en el futuro, momento en el que pretendemos cumplir nuestros sueños y anhelos o simplemente realizar lo que apreciamos. Olvidamos vivir y disfrutar del presente.

Pensamos que la llegada del futuro y la concreción de nuestros anhelos es cuestión de tiempo y de esfuerzo, nunca nos detenemos a pensar que el día de mañana no lo tenemos garantizado. No atendemos las señales de nuestro cuerpo o tomamos riesgos innecesarios e imprudentes. Pensamos que la enfermedad o los accidentes nos serán ajenos y le sucederán a cualquiera, menos a nosotros.

Hasta en tanto la vida nos sacude, recordamos que la salud, el éxito, la juventud y la vida no son para siempre. Es el momento en que nuestra existencia se sacude y nos mandata a vivir el presente, a disfrutar el hoy y el ahora.

Apreciable lector, Carpe Diem, “vive cada momento de tu vida como si fuese el último”; vuelve a maravillarte, como cuando eras niño, de las pequeñas y grandes cosas que nos regala la existencia, explota hoy tus capacidades y realiza tus anhelos ahora, quizá mañana será demasiado tarde.