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Política, conferenciante y humanista comprometida con la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Amo a México.

»Arma política rosa

Me da vergüenza que un candidato con posibilidad de ser gobernador desprecie de tal manera a las mujeres y les ofrezca un “salario rosa para las amas de casa” a cambio de su voto



Por: Patricia Espinosa Torres

En enero de 1916 se celebró el Primer Congreso Feminista en Yucatán, con la presencia de más de 600 delegadas que demandaban el reconocimiento de los derechos de las mujeres y a su participación en todos los campos de acción. Una de las discusiones centrales versó sobre el derecho de las mujeres a votar y ser votadas, fruto de la lucha de las sufragistas que ya marcaba la agenda política en otros países.

Hasta 1953 en México se reconoció el derecho político de las mujeres para sufragar; derecho que pudo haber sido reconocido varios años antes, pero en el gobierno de Lázaro Cárdenas existía el temor de que al otorgar el voto a las mujeres, ellas podrían ser influenciadas por las fuerzas conservadoras, en especial de la Iglesia, para votar por la “oposición”. ¡Limitada visión que reducía a la mujer a un ser manipulable!

En fin, después del 16 de octubre de ese año, las mujeres salieron a la calle con su derecho político de votar y, en escasa proporción, a ser votadas. Entonces cambió la perspectiva del Sistema cuando se dieron cuenta que las mujeres eran un “botín electoral” que con regalos -planchas, sacudidores, delantales y otros enseres domésticos- podían influir en su voto y reforzar el del marido, hermano o hijo. ¡El corporativismo en pleno!

Pasaron varias décadas para que las mexicanas dejaran de ser ciudadanas de segunda y se convirtieran en actoras reales de la vida política mexicana. En las últimas décadas del siglo 20 es cuando muchas de las reivindicaciones planteadas en favor de las mujeres, se incorporaron en leyes, decretos, programas, políticas, estructuras de gobiernos y partidos.

El próximo 4 de junio, habrá comicios electorales para elegir gobernador en tres estados de la República: el Estado de México, Coahuila y Nayarit, además de ayuntamientos y diputaciones locales. Por ahora me enfocaré al Edomex por varias razones: la arena política tiene un gran dinamismo por ser la entidad del Presidente; durante 90 años ha gobernado el PRI; cuenta con once millones 300 mil votos; de los tres candidatos punteros dos son mujeres y el hombre dice que será el “gobernador de las mujeres

Cuando parecía que en el siglo 21 ya nadie se atrevería a desconocer el aporte fundamental de las mujeres a los procesos de desarrollo social, político y económico, me da vergüenza que un candidato con posibilidad de ser gobernador desprecie de tal manera a las mujeres y les ofrezca un “salario rosa para las amas de casa” a cambio de su voto. Desconoce el aporte de las mujeres a la economía nacional, abusa de la necesidad de quienes no pueden ingresar al mercado de trabajo y con una visión simplista busca ganar votos de este sector de la población.

Me da vergüenza el descarado apoyo del gobierno federal ofreciendo programas sociales como tapadera del uso de la pobreza como arma política, y la pasividad de los partidos de oposición que reclaman tibiamente este abuso y palidecen frente al populismo electorero, el uso de fondos públicos excesivos y el desfile de secretarios con la alforja llena.

Me da vergüenza que con desparpajo y cinismo les ofrezca a casi seis millones de amas de casa -52.4%- reconocer su esfuerzo de esas 32 actividades domésticas que realizan diariamente, ¿conocerá Del Mazo este dato? Me da vergüenza que el “salario rosa para amas de casa” entre a la bolsa de otros programas populistas como el de “los viejitos” de AMLO, el de la tarjeta de “60 y más” de Peña Nieto.

Me “da vergüenza” que después de tantas demandas de millones de mujeres para ser reconocidas en su dignidad, en su derecho de participar en espacios públicos y de toma de decisiones, y un largo etcétera, las mujeres nuevamente sean tratadas como “botín electoral” en la elección del Estado de México. Me da vergüenza que los pasos por la equidad y los peldaños escalados con el esfuerzo de millones de mujeres que han librado fuertes batallas para visibilizarse y dejar de ser usadas como extensión del varón, queden reducidos a $1,200.00 mensuales.

Me da vergüenza el silencio omiso de mis congéneres frente a este vergonzoso paso atrás en la lucha por el respeto a todos los derechos de las mujeres, entre ellos el de no ser manipuladas como arma política. ¡Sí, me avergüenzo!