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»3 mil 406 cargos en la baraja del juego electoral

El argumento de los políticos es cambiar lo malo por lo bueno; los buenos son ellos y los malos son los otros, pero nadie les cree, si acaso solo ellos y el séquito de sus seguidores



Por: Héctor Parra

La “guerra sucia”, traducida en zancadillas, piquetes de ojos y golpes bajos entre militantes de los partidos políticos que competirán por los cargos de elección popular para el 2018, seguramente lo vale. A pesar de que hay reglas claras en las normas electorales, algunos prefieren no respetarlas, dada la apatía y tolerancia electoral; son 3 mil, 406 cargos públicos en juego, cargos en los que todos cobrarán. Serán repartidos entre los 9 partidos políticos con registro ante el INE y otros tantos locales. Por eso a los políticos poco les importa respetar y hacer respetar la ley, si lo que está en juego vale la pena, se trata de gobernar a más de 130 millones de mexicanos. El objetivo es administrar billones y billones de pesos bajo la promesa de ser mejores que los otros.

Están en juego la Presidencia de la República, el Senado, la Cámara de Diputados, 8 gubernaturas y un jefe de gobierno; 1596 ayuntamientos, 972 diputaciones locales, juntas municipales, alcaldías y más, hasta hacer un total de 3 mil 406 cargos de elección popular. Cargos públicos en los que ¡Todos cobran! ¡La familia numerosa vive mejor! Todos los políticos bien lo saben, de ahí que poco les importa el cómo arriben a los triunfos. Si es necesario firmar alianzas inconfesables, las habrán hacer con tal de alcanzar el objetivo: arrebatar el mayor número de triunfos que se traducen en cargos públicos y presupuestos públicos que van desde ayuntamientos, legislaturas, el Congreso, gubernaturas y la misma Presidencia de la República. A esos empleos habría que sumar otros miles más, corresponden a cargos administrativos que también serán ocupados por los “ganadores”, por aquellos que ofrecen transformar el país.

El argumento de los políticos es cambiar lo malo por lo bueno; los buenos son ellos y los malos son los otros, pero nadie les cree, si acaso solo ellos y el séquito de sus seguidores. Bien lo saben los políticos que forman parte del juego y aquellos que les ayudan para conseguir el cargo de “aguador”, al menos, lo importante es formar parte del grupo de los ganadores; les importa ganar con la mínima diferencia de votos, dado el enorme abstencionismo al que le rezan diariamente se imponga como su mejor aliado, dado que, entre más votos menos probabilidades de ganar elecciones. PAN y PRD, le juran al “dios de los electores” que su alianza será mejor que la de los priistas y prometen cambiar; aquellos juran que serán buenos y no robarán. Los priistas hacen lo propio, juran que ya no habrá más rateros como varios de los exgobernadores que ahora están detenidos y otros prófugos de la justicia; ofrecen ser distintos y estar avergonzados de las conductas delincuenciales de quienes fueron priistas consentidos; tienen la esperanza de que el mismo dios los ilumine para escoger el candidato que los lleve al triunfo. Los integrantes de Morena, a su vez, cree que son la misma diosa y que el electorado elegirá a sus candidatos dado que ellos son los buenos: no roban y no mienten. Ellos no forman parte de la mafia del poder, aunque también formen parte de esa mafia a la cual critican tanto; son parte del los animales de la granja, se desenvuelven entre “puercos y cochinos” ¿Y el “chiquillerío”? Esos están bajo la espera de recibir señales divinas para adherirse al que pueda darles mayores beneficios. Esas rémoras están al acecho de los desperdicios para alimentarse de ellos.

Entre tanto el pueblo será transformado en elector, “el dedo divino” para decidir a quienes elegir y a quienes rechazar con el castigo de su voto en contra; ese pueblo vilipendiado, sufrido, engañado bien sabe que todos los partidos políticos son lo mismo al momento de gobernar, al menos eso han demostrado; ese pueblo es consciente que la diferencia está en las promesas, en las ofertas, en los regalos que ofrecen a cambio del voto, el sufragio que saben utilizar y dan o retiran a quien les place, con o sin razón, sabe que la decisión está en sus manos. El electorado sabe que al final todos los políticos incumplen con la mayor parte de sus promesas.

Sabe que nadie será capaz de resolver los enormes problemas por los que atraviesa la Nación; por eso quien siempre gana las elecciones es el abstencionismo, esa es la manera de expresar el franco rechazo, lo que a los políticos poco les importa, sabe que con unos cuantos votos gana las elecciones. Más el juego por 3 mil 406 cargos de elección popular y el manejo de billones de pesos bien vale la pena jugar el juego de las mentiras en la democracia, aunque después no cumplan sus promesas; total, el pueblo no tiene manera de obligarlos a respetar y cumplir las ofertas de campaña.