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»Elsa Méndez en Los Pinos



Por: Staff Códice Informativo
Elsa Méndez

Foto: Archivo

En 2006, el escritor tapatío Antonio Ortuño publicó “El buscador de cabezas“, una novela sencilla en la que una mujer, apoyada por un grupo de “ciudadanos” inconformes, llega a la presidencia de México. Su gobierno, por supuesto, se revela con el tiempo como autoritario, racista y prácticamente genocida, provocando el resurgimiento nacional de fuerzas que perecieron durante la cristiada y que deberían permanecer bajo tierra por el bien de quienes habitamos este trágico país.

Durante la semana pasada y buena parte de la que corre, la diputada local Elsa Méndez se ha convertido en una presencia constante en el panorama político queretano. El evento que desató la popularidad -y las críticas- a la diputada fue la aprobación de la ley para evitar la difusión de packs en el estado de Querétaro pues, en sesión legislativa, algunas feministas aplaudieron el dictamen, lo que desató la ira de Méndez en contra de estas y de su correligionario panista Miguel Ángel Torres. Un día después, la legisladora volvió a encabezar la agenda cuando tres colaboradoras suyas fueron detenidas por colocar, sin permiso, una lona sobre un puente peatonal.

La lona en cuestión abogaba por la “familia natural” y expresaba inconformidad respecto a la interrupción legal del embarazo. Tras la detención de las mujeres, todas madres de familia, que intentaban colocar esa lona sobre el puente peatonal de la Colonia Obrera, la diputada estalló en una diatriba donde no faltaron reproches ni al presidente municipal de Querétaro, quien comparte con ella origen político, ni a Roxana Ávalos, titular de la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro.

A esta explosión pública, de la que muchos medios, incluído Códice Informativo, hicieron escarnio, le siguió un cuestionamiento que la legisladora realizó en su página de Facebook contra el evento titulado “Cuentos diversos“. Organizado por activistas y actores de la sociedad civil queretana, “Cuentos diversos” buscaba replicar en Querétaro una práctica que se ha vuelto popular en otras ciudades del mundo y que permite a los menores sensibilizarse con la inconformidad de género mientras escuchan un cuento leído por una drag queen.

Lo interesante del discurso de Elsa Méndez y de sus diatribas contra Ávalos y Luis Nava, quienes representan además a un gobierno alineado políticamente con la diputada, es que hace eco de planteamientos que se vuelven cada vez más comunes en la discusión política latinoamericana. Sin ir más lejos, para el sábado 22 de junio, los argentinos Agustín Laje y Nicolás Márquez, autores de un panfleto contra la diversidad sexual, darán una conferencia en el hotel Real de Minas. En ocasiones anteriores, Laje y Márquez han desatado la polémica por sus opiniones altamente intolerantes hacia la homosexualidad, la transexualidad y el aborto, así como su defensa de los llamados “valores tradicionales”.

A lo largo de su carrera como panelistas, tanto Márquez como Agustín Laje han logrado construir una extensa red de seguidores que, valiéndose de las plataformas digitales, se han organizado para combatir lo que denominan “ideología de género”. En México, grupos como el Frente Nacional de la Familia y la organización Con Familia, presidida por Juan Dabdoub, les han dado cobijo en contubernio con movimientos eclesiales católicos conservadores e iglesias evangélicas de corte bautista, presbiteriano y neopentecostal. Las personas que simpatizan con estas organizaciones tienen un perfil similar: son de clase media, origen blanco o mestizo, formación técnica o profesional y, además, tienen hijos pequeños.

Algunos de los seguidores de Laje eran hasta hace unos años católicos o evangélicos de a pie que se radicalizaron por medio de Twitter o Facebook. Algo que tienen en común todos ellos, es que suelen adoptar un pensamiento de tipo “conspirativo“, anclado en la narrativa de que hay una conspiración “de izquierda” para destruir a la familia natural e instituir una dictadura orwelliana. Profesan además una ideología política reaccionaria que abomina de la modernidad, aunque, a diferencia del tradicionalismo clásico, no ataca al capitalismo. Además, tienen una serie de chivos expiatorios que van desde “los banqueros internacionales” (un eufemismo antisemita), hasta el multimillonario húngaro Georges Soros, pasando por una supuesta “internacional rosa” que tendría entre sus objetivos “homosexualizar” a la población.

Qué tan articulada está esta corriente neorreaccionaria más allá de redes sociales, es algo que aún genera debate. Se ha comprobado, por ejemplo, que la industria petrolera -concretamente los hermanos Charles y David Koch- ha sido gran patrocinadora de ideólogos similares en el mundo angloparlante. El objetivo, por supuesto, es desacreditar el calentamiento global y echar para abajo protocolos como el de París o el de Kyoto a la par que se presenta a la ONU y sus organismos derivados como instituciones perversas que buscan el fin de la humanidad o que trabajan directamente para “el anticristo“.

El hecho es que de momento, estas corrientes, bajo el cobijo de la llamada “alt right”, un movimiento masculinista y occidentalista que tuvo su auge en Internet antes de 2016, han hecho mella ya en la política de varias naciones democráticas. El primer país en “infectarse” fue Filipinas, donde Rodrigo Duterte, un populista que prometió liquidar a todos los drogadictos y criminales, consiguió la presidencia con una victoria inaudita. El segundo caso fue Estados Unidos, donde Donald Trump, una figura a la que se consideraba un chiste, consiguió ocupar la Casa Blanca pese al escepticismo que había en muchos sectores. Finalmente tenemos el caso de Brasil, donde Jair Bolsonaro consiguió el poder con una campaña abiertamente racista, misógina, homofóbica y transfóbica, sumiendo en la incertidumbre y desesperación a millones de indígenas, mujeres, población sexodiversa y brasileños pobres.

Incluso Europa, antes considerada la Meca de la “pluralidad” y la “inclusión“, tiembla ahora ante la cada vez más grave amenaza que representan partidos como Vox, en España, la Agrupación Nacional, en Francia o Ukip, en el Reino Unido. Lo que tienen en común todas estas formaciones es su nacionalismo, que raya en lo chovinista, su rechazo al colectivo LGBT, su fuerte discriminación contra los inmigrantes y su defensa absoluta del libre mercado y de la meritocracia salvaje como único sistema de legitimación económica. En resumen, son partidos que exaltan lo “fuerte“, “europeo” y “masculino“, además de un autoritarismo moral que no intervenga en la economía, es decir, son fascistas.

Ante ese panorama internacional, hay temor de que en México ocurra algo parecido. Brasil, después de todo, no es un país tan diferente. Lo que muchos se preguntan es: en dado caso de que haya un Bolsonaro mexicano ¿Quién sería la persona más adecuada para encarnarlo? La respuesta más obvia, por el momento, está en la legislatura de Querétaro. Suena absurdo, ridículo, incluso, pero así sonaba Bolsonaro y así sonaban Trump y Duterte. Elsa Méndez no es una política tradicional, como tampoco lo son ellos y entiende mejor el clima político internacional que muchos de sus correligionarios panistas.

Esto es algo particularmente llamativo. El partido que la llevó al curul está cada vez más incómodo con la independencia que exhibe la legisladora para consolidar su agenda personal. El propio Agustín Dorantes, dirigente local del partido, tuvo que desmarcarse de una campaña por la familia que la diputada ha estado promocionando en sus redes. A esto hay que sumar que Elsa Méndez es una de las pocas legisladoras que no contrata bots porque no los necesita. Decenas de militantes en parroquias y en templos evangélicos se suman gustosamente a las actividades de Méndez y la acompañan por todo el estado mientras insultan y ofenden en redes a quienes no piensan como ellos. En su concepción, que es religiosa y apocalíptica, Méndez es una fuerza de Dios, como lo era Bolsonaro en Brasil y como lo era Trump en Estados Unidos.

La democracia no les interesa y la libertad de expresión, aunque a cada rato reclamen para que se les respete, tampoco. Su verdadero propósito es construir una sociedad en la que sus valores, es decir, los valores propios de las “familias de bien“, sean los únicos existentes y donde no haya lugar alguno para todo lo que represente una amenaza a la salvación y al “bienestar espiritual” de su progenie. En la batalla de Dios contra el ser humano y el espíritu contra la carne, la democracia tiene pocas posibilidades ¿Qué es un orden igualitario pero temporal, contra la eternidad en el paraíso tocándo la cítara junto a tus hijos? No hay mucha diferencia entre esto y la lógica de los fundamentalistas islámicos que se autoinmolan frente a embajadas y edificios de oficinas. No hay disposición a escuchar porque eso sería darle oído a Satanás.

¿Significa esto que estamos perdidos? ¿Era la novela de Ortuño un infortunado aviso profético concebido incluso antes del calderonismo? A veces pareciera que sí y que, no importa si es con el PAN o con alguna otra formación, la diputada podría hacerse un lugar en la historia de nuestro país y, lo que es más importante, en los calendarios con los presidentes de México.