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»Los enemigos de AMLO

Para el zapatismo, Obrador es solo un eslabón más en la gran cadena de opresores que han abusado de los pueblos originarios



Por: Staff Códice Informativo
López Obrador en rueda de prensa

Foto: EFE

No hay político sin enemigos. Desde que Maquiavelo publicó El Príncipe entre el estercolero de intrigas que era la Italia renacentista, tendría que habernos quedado claro que a la política no se entra a jugar dominó. A muchos les ha costado la vida. Es entonces natural que un presidente, que además tomó posesión abanderando la idea de un cambio radical, tuviera también fuerzas antagónicas.

Pero ¿quiénes son los que se oponen a Andrés Manuel? ¿Qué voces cantan en coro estrofas escépticas hacia la “cuarta transformación”? Responder estas preguntas requiere, primero que nada, evitar la dulce pero peligrosa tentación de simplificar.

Desde la actual esfera de poder se ha asegurado que oponerse al Gobierno Federal es sinónimo de ‘fifí’, adjetivo para aquellos cuyos privilegios podrían verse amenazados por los proyectos que impulsa Obrador.

Esto es cierto, respecto a algunas de las voces que con más saña critican al gobierno morenista. Basta con leer una columna de Pablo Hirart o Ricardo Alemán para encontrar críticas basadas no tanto en la argumentación mesurada como en el prejuicio y la descalificación ad-hominem. No obstante, la saña, quizá excesiva de un Hiriart o un Alemán no deberían ser, tampoco, argumento para descalificar las críticas al presidente.

Un segundo grupo de críticos está integrado por empresarios y políticos de oposición que aunque comparten ideología con Hiriart y similares, son menos ácidos en sus ataques y señalan, con más objetividad, lo que consideran podrían ser peligros económicos en las pólíticas lopezobradoristas.

Aunque el tono de estos críticos es, si se quiere ver así, más serio, resulta difícil, en muchos casos, considerar que su crítica no está sesgada por la defensa de intereses personales. Esto es particularmente obvio entre los políticos de oposición cuya condición “opositora” precisamente los coloca en una situación donde lo único que pueden hacer ante la hegemonía que representa el Gobierno Federal, es disentir. Simple lógica política.

El tercer grupo de críticos de Andrés Manuel viene desde la izquierda, pues ésta no es, contra lo que se tiende a pensar, un bloque homogéneo. Quienes creen que Obrador es radical, es porque no conocen bien a sus detractores izquierdistas o porque los menosprecian. Y no sería para más, considerando que éstos detractores gravitan en torno a un sector poblacional que tradicionalmente ha sido discriminado y disminuído en este país, es decir, los pueblos indígenas.

La oposición indígena a López Obrador, articulada sobre todo en torno al zapatismo y al Congreso Nacional Indígena, lo critica porque su gobierno les resulta demasiado “desarrollista” y, en este sentido, tan depredador y “neoliberal” como los gobiernos anteriores.

La narrativa nacionalista de Andrés Manuel López Obrador choca con las visiones autónomas y emancipadoras que se sostienen desde el proyecto zapatista. Para el zapatismo, Obrador es solo un eslabón más en la gran cadena de opresores que han abusado de los pueblos originarios y que han saqueado los recursos naturales para sostener proyectos anclados aún en el capitalismo.

Lo que para ciertos empresarios es tranquilizador, se vuelve motivo de alarma entre las comunidades indígenas y rurales del sureste mexicano, quienes parecieran desear un presidente más radical en su compromiso con la igualdad económica o, de plano, un mandatario que se posicionara abiertamente como anticapitalista.

Este es el tercer grupo de críticos a las políticas de López Obrador y expresa su voz, no desde el conservadursimo social, sino desde el radicalismo izquierdista que considera a AMLO “demasiado caduco” para constituirse en un cambio verdadero.

Para terminar, no estaría mal mencionar a un cuarto grupo de críticos con Obrador que tiene además la virtud de ser el único que lo apoyó en la elección pasada y no solo en esa, sino también en las anteriores. Me refiero, por supuesto, a la clase intelectual. Los recortes para el Fonca, el Conacyt, así como la destitución de Daniel Goldin como director de la Biblioteca Vasconcelos, le han ganado a Obrador la animadversión de un sector no despreciable de desconcertados artistas, científicos e intelectuales.

Algunas voces no dudan en señalar a éstos críticos como “clasemedieros fifís” que, como los primeros dos grupos, solo buscan preservar sus privilegios. Otros, más bien, ven en estas preocupaciones un legítimo interés por la cultura y el desarrollo intelectual del país. ¿Quién tiene razón? Lo sabremos con el tiempo.