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»Tlahuelilpan: la ira de las redes sociales

El espíritu de castigo que se extiende por las redes sociales y aplaude la tragedia, que celebra la desventura y pide que haya más viernes como el de Tlahuelilpan, solo nos puede remitir al autoanálisis



Por: Staff Códice Informativo
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Foto: AP

La tragedia ocurrida el pasado 18 de enero en el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo, que ha dejado hasta el momento más de 90 lugareños muertos tras la explosión en una toma clandestina de Petróleos Mexicanos, pone en evidencia un problema que lejos está de ser reciente, pero, también, el hartazgo generalizado hacia la delincuencia en el país.

Culpar a las personas que perdieron la vida de su propia desgracia, es, por lo menos, desaventurado, pues en el accidente se entremezclan diferentes variables que dieron como resultado el fatal desenlace: un bajo nivel educativo, las pocas oportunidades para el campo y el dominio de la zona en la última década por distintos cárteles del crimen organizado son, por mencionar algunos, aspectos que fueron determinantes para que los pobladores de este municipio acudieran a robar combustible, una práctica que se fue convirtió en cotidiana con el correr de los años

El viernes negro en Tlahuelilpan refleja la falta de ‘sentido común’ que solo puede brindar una condición de vida que muchos de los pobladores que acudieron a robar gasolina no tienen. De otra forma no se podría entender que la gente arriesgara su vida por una cantidad de combustible que rondaba los 500 o mil pesos en el mercado clandestino.

La fuga congregó a su alrededor a cientos de personas. Las crónicas revelan que la gente gritaba, reía y se empapaba en gasolina, ’embriagados’ por los vapores del peligroso hidrocarburo, hasta que la explosión sobrevino y Tlahuelilpan, un municipio olvidado del que muchos no tenían conocimiento, pasó a ser nota nacional.

Allí, en el ámbito nacional, el resto de los mexicanos dio su veredicto: ‘rateros’, ‘delincuentes’, ‘huachicoleros’, fueron algunos de los epítetos que los usuarios de redes sociales colocaron a las personas que perdieron la vida… también a sus familiares. Nadie se cuestionó el olvido de ese y muchos otros municipios que solo pueden figurar en el imaginario colectivo cuando la desgracia se posa sobre ellos.

Nadie se ha cuestionado por qué el robo de combustible se ha convertido en una práctica válida para toda una comunidad, o qué ha generado que los valores se hayan trastocado y que el tejido social presente este nivel de degradación.

También es necesario analizar con detenimiento la situación de aquellos que se alegran por la muerte de quienes resultaron quemados cuando robaban el combustible. Esta reacción solo puede ser el resultado del hartazgo por el creciente ambiente de delincuencia y violencia que se vive en el país durante los últimos años. Sobre todo en entidades como la Ciudad de México, el Estado de México o Guanajuato, donde el crimen organizado ha sentado su reales.

Este espíritu de castigo que se extiende por las redes sociales y aplaude la tragedia, que celebra la desventura y pide que haya más viernes como el de Tlahuelilpan, solo nos puede remitir al autoanálisis.

Mucho deberá trabajar la sociedad misma para crear conciencia sobre la necesidad de educar, evitar que el delito siga siendo cosa común en el país y unir esfuerzos para alcanzar una verdadera transición a la democracia social, con el gobierno, sin el gobierno y a pesar del gobierno.