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»Elecciones en la UAQ: comienza la temporada electoral queretana

Son tres los candidatos a suceder a Gilberto Herrera Ruiz como rector de la UAQ. Los universitarios, ante la decisión de la continuidad o del cambio



Por: Staff Códice Informativo
UAQ

Foto: Archivo

Con el registro de los tres candidatos que contenderán, el proceso electoral para la renovación de la Rectoría de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) ha comenzado, y con ello da inicio a una importante temporada política en tierras queretanas, primero con la definición interna de la Máxima Casa de Estudios, y posteriormente con la renovación de las 18 alcaldías, los 25 escaños legislativos locales, los cinco federales y los tres asientos en el Senado de la República, además de, por supuesto, la elección del nuevo presidente de México.

La UAQ siempre ha sido el laboratorio político queretano. La mayoría de los liderazgos actuales tienen su origen en la universidad, que nunca ha sido tímida al momento de expresarse políticamente, sino todo lo contrario. Si cabe, de hecho, la política universitaria es aún más agresiva y directa que la externa; tan solo hay que recordar la primera elección en la que resultó vencedor Gilberto Herrera Ruiz, a finales de 2011, cuando las acusaciones hasta de agresiones físicas entre bando y bando polarizaron a la universidad a tal grado que, desde entonces, subsisten heridas internas que nunca pudieron sanar.

Lo que se puede esperar de esta elección es incierto. La universidad arrastra una serie de desavenencias políticas internas y externas que no se vivían, con tal intensidad, desde la época de Lola Cabrera. Desde los desencuentros de la Rectoría con los trabajadores administrativos, representados en el STEUAQ, hasta la batalla frontal que la dirección universitaria sostiene con el gobierno del estado con el tema presupuestal de fondo, la UAQ ha vivido épocas convulsas que podrían bien estallar en el marco de este proceso electoral, o encontrar espacios de diálogo con la frescura que dará un nuevo rostro al frente de la universidad.

Depende de los universitarios, quienes en su decisión definirán si la universidad sigue el mismo rumbo que ha tenido durante los últimos seis años, o prefieren un cambio de paradigma.

Teresa García Gasca, quien hoy funge como directora de la Facultad de Ciencias Naturales, es la candidata que heredaría la mayor parte del capital político que ha construido Gilberto Herrera. Es la elegida como sucesora natural, pues además de haber acompañado en sus decisiones al rector en los últimos años, tiene una percepción positiva entre la comunidad universitaria, que observa en ella la posibilidad de tender puentes de diálogo entre las partes confrontadas.

Blanca Gutiérrez Grageda, actual secretaria Particular de la Rectoría, también parte, de principio, como una miembro del equipo fuerte del actual rector, aunque la decisión de participar es más personal que de grupo. Representa al espectro más politizado de la administración de la UAQ, aunque ya advirtió que pretende darle prioridad al diálogo con las autoridades de ser elegida, una forma de comenzar a romper lazos con Gilberto Herrera, más dado a la polarización de posturas que al encuentro de las mismas.

Arturo Castañeda Olalde, director de la Facultad de Contaduría y Administración, se presenta a la elección como representante de la oposición franca a la administración de Gilberto Herrera. Tendrá como reto amalgamar las posturas encontradas contra el oficialismo universitario y convencerles de que apoyar su propuesta es no solo una vía para acabar con el gilbertismo, sino una oportunidad de futuro para la universidad.

En tiempos de elecciones, las filias y las fobias cambian de bando de manera constante. Muchas de las alianzas políticas que en su momento pudo fraguar Gilberto Herrera para lograr su elección y posteriormente para garantizar la viabilidad política de su gestión, no necesariamente irán ciegamente con el camino que, invariablemente, quiera dejar el aún rector hacia el futuro. Él mismo se pudo beneficiar de ello cuando encabezó un frente contrario al entonces rector Raúl Iturralde y su elegido, Marco Carrillo, quien ganó en la primera vuelta de la elección pero no con la diferencia suficiente, por lo que tuvo que contender en una segunda en la que Herrera Ruiz logró hacerse de los apoyos necesarios para llevarse el triunfo. Más que un apoyo irrestricto a su persona, lo que consiguió fue representar un rechazo general a las políticas de Iturralde.

Aventurarse a adivinar lo que pasará en los próximos días en la UAQ es muy arriesgado. La dinámica política de la UAQ es muy compleja y hay muchos factores en juego. Lo que sí es previsible es que será una elección polarizada y que subirá de tono, conforme pasen los días, y los ánimos se vayan calentando. Así como pasó en 2011. Así como pasó en la administración de Gilberto Herrera.